Entrevista con Thomas Montasser, autor de Una librería con magia

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Una librería con magia es una buena opción de lectura rápida y fresquita para esas tardes de piscina o de playa del verano. El libro es un homenaje a las librerías, ese lugar mágico donde cada uno encuentra su historia. 

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Para la gente sin imaginación, una librería es un lugar donde se venden libros, y un librero, tan solo la persona encargada de venderlos.

Eso es lo que piensa Valerie, una ambiciosa estudiante de económicas, cuando entra en la librería un tanto anticuada de su tía, que ha desaparecido dejando solamente una nota en la que nombra a la joven responsable de su negocio.

Valerie se propone ordenar el caos reinante lo más rápidamente posible y liquidar las existencias. Sin embargo, está claro que ha subestimado el poder de los libros y la magia de la pequeña librería y de su samovar.

Tras pasar una tarde de lluvia atrapada entre las páginas de El castillo de Kafka, empieza a darse cuenta no solo del poder de los libros para expandir la mente y reconfortar el alma, sino también de que su tía era una librera extraordinaria que sabía encontrar al lector perfecto para cada libro y localizar cada título en el aparente desorden de su tienda.

Thomas Montasser, autor de Una librería con magia, siempre quiso ser escritor: escribió su primera novela con 16 años. Se casó muy joven, y pagó la carrera de derecho con lo que ganaba redactando textos legales. El dinero que ganaba le permitió fundar la Agencia de medios Montasser junto con su esposa Miriam. Desde 1989 se dedica principalmente a trabajar como agente literario, y hoy es ese empleo el que le permite dedicarse a escribir novelas. En el libro que publicamos hace unos meses en MAEVA, declara su amor por la literatura y las librerías pequeñas. Le hemos hecho una entrevista así que por aquí os dejamos lo que nos ha contado :)

Las grandes editoriales deben enfrentarse a la competencia de los propios autores, que llenan las plataformas digitales con títulos autopublicados. ¿Corren malos tiempos para los agentes?

Al contrario. Los agentes hoy son más valiosos que nunca. Los lectores de las editoriales no dan abasto, y el mercado se ve inundado de títulos de todo tipo. Y cada vez más editoriales entran en el negocio digital. Para ambas partes, tanto editores como autores, la visión, la experiencia y la intuición para ver las necesidades y las posibilidades de cada uno que aporta un agente literario son más necesarias que nunca.

¿Qué fue lo que le convenció para dedicarse a descubrir autores y encontrarles una editorial adecuada?

Yo era el editor de una colección de libros, y lo dejé. Algunos de los autores con los que había trabajado querían seguir conmigo, y me pidieron que les encontrara otra editorial. El boca oreja entre autores hizo que enseguida encontrara una buena agenda de clientes. Sin embargo, lo más importante es encontrar a autores que traten temas con los que a uno le apetezca trabajar. Eso es lo más importante del trabajo que hacemos.

¿Qué es lo que ha cambiado durante los últimos años para los agentes literarios?

La mayoría de autores de renombre ya disponen de agentes, y dar a conocer a un desconocido, que siempre ha sido algo difícil, ahora lo es aún más, pues el mercado da muy pocas oportunidades a los novatos. Si alguien publica dos libros que no tienen éxito, se queda fuera del juego. Son malas perspectivas para las agencias. Otro factor importante es el mercado digital. Nos plantea muchos riesgos, tanto en lo que respecta al asesoramiento publicitario de los autores, como en la protección de derechos o la elaboración de contratos. En estas circunstancias, la negociación con las editoriales y con las plataformas de libro electrónico se ha convertido en una de las disciplinas más importantes en las agencias literarias.

¿Cuántos postores puede llegar a haber en una subasta importante?

En este mismo instante se está celebrando una subasta en la que compiten once editoriales. Cuento con que, a medida que sube el precio, varias editoriales se retirarán, hasta que la puja quede entre cuatro o cinco. Para las grandes subastas suele haber un número limitado de potenciales compradores. Sin embargo, puede ser que una editorial que no forme parte de los «sospechosos habituales» se presente de repente con una oferta muy elevada. Eso suele deberse a motivos de programación, y significa que esa editorial está segura de que puede convencer al mercado con su presentación de esa novela. Es un factor muy interesante al que debemos prestar atención.

¿Han experimentado con la autopublicación los autores a los que representa?

Hasta ahora, eso no ha sido un problema con nuestros autores. Hemos publicado algunas novelas directamente en formato digital, pero muy pocas. Es evidente que un autor autopublicado que ha conseguido un cierto éxito buscará un agente o un editor tan pronto como le surja la posibilidad. Quien quiere publicar un libro, se busca un agente, eso sigue funcionando así.

¿Recomienda usted la autopublicación?

Eso no puedo recomendárselo a nadie. No es que esté en contra; puede hacerse, y a veces da resultados maravillosos. Pero no tiene ventajas respecto a las editoriales tradicionales. La autopublicación es una solución estupenda para aquellos que no encuentran editor.

¿Puede un título autopublicado tener la misma calidad que un libro editado de forma tradicional?

Por supuesto que sí. En el mundo literario hay dos historias: la oficial, en la que se encuentran todas las obras editadas y archivadas, y la invisible, compuesta por las obras que antes se abandonaban en un cajón. La autopublicación desempolva esas obras y convierte en visible a esa segunda historia de la literatura. Es evidente que saca a la luz muchas cosas de calidad dudosa, pero todos sabemos que también se publican por medios convencionales obras que no son muy buenas, y sería un error mirar por encima del hombro a las obras autopublicadas.

Y sin embargo, es innegable que a un libro que se publica por vías convencionales se le ha dedicado mucha profesionalidad y pasión por parte de mucha gente diferente: lectores, correctores, diseñadores, productores… No muchos conseguirán aunar todas esas capacidades en una sola persona.

¿No depende eso de la profesionalidad del autor? Un autor podría contratar a un lector profesional, por ejemplo.

Eso es verdad, pero exige de una capacidad extraordinaria para la autocrítica. Yo, por ejemplo, no sería capaz. En la colaboración entre autor y agente intervienen muchos factores como la posición en el mercado, la estrategia, la búsqueda de un tema adecuado… Pero un autor que contrata a un lector solo sabrá cómo trabaja una vez le haya hecho el encargo/y le haya pagado). Un agente conoce a mucha gente en muchas editoriales, además de lectores, traductores, responsables de prensa… Y así es más fácil tomar la decisión correcta. Y en lo que respecta al posicionamiento: que en las plataformas digitales los títulos autopublicados se exhiban a menudo al lado de los títulos digitales de las editoriales me parece algo desafortunado para las editoriales. El comprador ve el precio inferior de los títulos autopublicados, y muchas veces se decide por ellos. ¿Y cómo sabemos que después de picar un par de veces va a empezar a fijarse en de dónde sabe un libro? ¿Cómo sabemos que no va a dejar de leer?

Se dice que los agentes literarios nunca han visto con buenos ojos el libro electrónico, pero ahora ya no puede hacerse nada. Las editoriales ya han hecho las paces con esta nueva forma de publicación. ¿Usted también?

Los agentes no tienen nada contra el libro electrónico. De lo que están en contra es del robo, sea a través de las descargas ilegales o de modelos de negocio en los que se paga con limosna a los autores. Esos riesgos están presentes en muchas plataformas, que niegan a los autores una recompensa justa, e incluso se niegan a presentar cuentas transparentes. No solo se trata de no pagar a los autores, sino de impedir que sepan por qué no cobran nada. En ese sentido, debemos luchar (y lo hacemos) por los derechos de los autores.

También las librerías empiezan a preocuparse por el libro electrónico, y han puesto en el punto de mira la dureza de la gestión digital de derechos (DRM). ¿Qué le aconseja usted a sus autores?

Los lectores protestan, con razón, con el problema del préstamo de libros de dispositivo a dispositivo. Los gestores y fabricantes de plataformas y dispositivos digitales deberían tomar cartas en el asunto e invertir en un formato estándar en lugar de trasladar el problema a los autores y las editoriales.

¡Felices lecturas de verano!

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