Hoy presentamos… La cajita de rapé

cats22

¡Hola, lectores! ¿Listos para el fin de semana? Nosotros despedimos la semana presentándoos una novedad, una novela policíaca ambientada en el Madrid del siglo XIX: La cajita de rapé, de Javier Alonso García-Pozuelo, un nuevo talento “de la casa”. ¿Os apetece conocerla?

portada LA CAJITA DE RAPTras un cuarto de siglo como policía, el inspector Benítez, al frente de la comisaría de La Latina, tiene al alcance de su mano el prestigioso puesto de inspector jefe de Madrid. La inestabilidad política por la que atraviesa el país y su insobornable integridad, pondrán en peligro el ansiado ascenso. Para colmo, sus superiores le asignan un nuevo ayudante, un joven abogado malagueño sin experiencia policial. Todo esto resulta irrelevante cuando asesinan a una criada que trabaja para una adinerada familia de su distrito. El motivo del crimen parece ser su participación en un robo, aunque hay algo que a Benítez no le encaja. Cuando, poco después, otra criada, amiga de la primera, aparece muerta en el Manzanares, Benítez se convence de que esos asesinatos ocultan algo más que un robo. Pero, a medida que tira del hilo, la maraña se enreda cada vez más, poniendo al descubierto antiguos secretos y sentimientos reprimidos. Benítez y Ortega, su nuevo ayudante, se verán implicados en un complicado caso que pondrá en riesgo sus vidas y les hará enfrentarse con la cara más miserable del poder.

El autor

Javier Alonso (2)Javier Alonso García-Pozuelo es licenciado en medicina y cirugía, y diplomado en cooperación internacional. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria, además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Compagina su actividad docente con su pasión por la literatura, la historia (mantiene desde hace años Cita en la Glorieta, blog colaborativo de historia y literatura) y la música, llevando a los escenarios sus propias canciones en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica.

Y para los lectores locales que podáis disfrutar la novela desde la ciudad en la que transcurre, Madrid, podréis asistir además a la presentación de la novela el próximo viernes, 10 de marzo, a las 19:00 h. en la Librería Lé (Paseo de la Castellana, 154), en la que Javier Alonso García-Pozuelo hablará de su ópera prima, acompañado por María Lara Martínez y Rafael Guerrero.

Si queréis engancharos a La cajita de rapé, tenéis como siempre las primeras páginas en nuestra web.

Lee el prólogo

«¿A quién se le ocurre salir de Brihuega sin despedirse antes de la Santa Virgen de la Peña? Ni siquiera el tío Voltereta, con todo lo que despotricaba de la Iglesia, del Papa de Roma y de los curas, osaba poner un pie fuera del pueblo sin rendirle visita primero a la Virgen Soberana. Pero a lo hecho, pecho. Seguro que su falta estaba ya olvidada, se dice Lorenza, mientras la extraña sensación de bienestar que la invade va disipando poco a poco el remordimiento de los últimos días. La Morenita le habría perdonado el desaire y, a partir de ahora, vuelve a estar bajo su protección. Con el amparo de la Reina Madre de los Cielos nada ha de temer ya. El corazón le late de esperanza. Algo en su interior le dice que, desde hoy mismo, todo va a ir bien. Una vida nueva y feliz le espera en la Alcarria. No es solo un pálpito. Está segura. Sin que ella misma sepa explicar por qué, su ánimo es completamente distinto al de hace cosa de una hora, cuando los Ribalter aún estaban en la casa y ella, hecha un manojo de nervios, repasaba mentalmente lo que debía decirle al ama de llaves.

–¿Se pue saber qué las echao al vino? –pregunta Lorenza, arrastrando las palabras con lengua estropajosa.

«No importa, no hace falta que contestes», intenta añadir. Pero todo a lo que alcanza es a esbozar una coqueta sonrisa que hace aún más atractivo su hermoso rostro. Aunque no es consciente de ello, Lorenza ya no es dueña de su voz. Ni una sola palabra más brota de sus labios. Siente un gran deseo de hablar, de contar lo que más echa en falta de su pueblo, pero las ideas se le desmigajan en la garganta y las frases ya solo suenan dentro de su cabeza. ¡El pan de Brihuega! No te pues hacer una idea de lo rico que está. Muncho mejor que el de Vallecas. ¡Dónde va a parar! ¿Y las rosquillitas de alfajor? ¡Güenas es poco! ¿Y los nochebuenos? ¡Ay, Dios mío! Los nochebuenos que hacen en mi pueblo sí que están ricos. No has probao cosa mejor en toa tu vida. Es que en Brihuega to sabe más sabroso, la verdad. Y de la miel, mejor no decir na, ¿verdad? Onque miel de la Alcarria nunca falta en los Madriles. Solo aquí, en La Latina, la venden en cuatro o cinco sitios. Pero no te vayas tú a pensar que lo que más añoro de mi tierra es el condumio, eh. ¿Tú sabes lo que más echo de menos de Brihuega? Además de a mi Pedrín, claro. Pues los olores, fíjate tú. Los olores. Qué cosas, ¿no? El olor a tierra mojada por una tormenta de verano. Las hierbas del campo: el tomillo, el romero, el espliego. El airecillo con olor a higuera que te llega cuando descabezas un sueñecito en la huerta, a la sombra de un emparrao. El perfume de las flores que hay por toíto el pueblo en las fiestas patronales. La pólvora quemada de los cohetes que se tiran antes del encierro. Los olores, mía tú, eso es lo que más echo yo de menos de mi pueblo.

De repente, las palabras que suenan en su cabeza cesan de golpe. Los párpados le pesan tanto que es incapaz de mantener los ojos abiertos. Los grandes luceros de Lorenza se eclipsan y en su memoria estalla un recuerdo lleno de luces, de voces, de algazara. Es una agradable noche de mediados de agosto y en Brihuega se celebran, como cada año, las fiestas en honor a la Virgen de la Peña. Sopla una ligera brisa de poniente que, poco a poco, va refrescando el sofocante calor de la jornada. Unos vistosos fuegos artificiales hacen las delicias de los vecinos y los numerosos forasteros que este año han venido a solazarse con las fiestas patronales. Entonces, cuando casi todos piensan que la función ha concluido, la noche se ilumina con un espectacular juego de luces de Bengala. Al cabo de unos instantes, el tiempo necesario para que los que saben leer transmitan al resto el mensaje que refulge en el cielo –«El Ayuntamiento de Brihuega a S. M. la Reina Isabel II»–, un estallido de amor al trono y devoción a su adorada soberana retumba por las calles y plazas de la villa alcarreña. Lorenza se siente invadida por una profunda alegría. No sabría decir por qué, pero le hace muy feliz que una mujer esté sentada en el trono de las Españas y que, según ha oído, se halle de nuevo encinta. Debe de ser muy hermoso eso de llevar una vida criándose en las entrañas. El mayo pasado ella sangró entre las piernas. Fue su primera vez, aunque no se asustó en absoluto: su madre ya le había prevenido de lo que le pasa a las mocitas de su edad. Algún día ella conocerá el amor y dará hijos a un hombre honrado y hacendoso. Algún día sus hijos la cogerán de la mano como ella coge ahora a su madre. Madre, cuánto la quiero, piensa mientras mira a su madre llena de ternura.

Pero la mujer que estaba a su lado aquella noche no era su madre. No podía serlo: la madre de Lorenza murió el mismo día en que ella vino al mundo. La mujer que le agarraba la mano aquella noche era la segunda esposa de su padre. De su madre ni siquiera guarda un recuerdo. Sabe que era morena y de ojos
grandes y oscuros, como ella, porque se lo han contado. Y que era muy devota de la Virgen de la Peña. Poco más podría decir de la que le dio el ser. Aunque eso nada importa ahora. Nadie le va a negar aquí, en esta portería de casa rica de Madrid, que la mujer que la acompañaba aquella noche de agosto en Brihuega era su madre. Su adorada madre estaba con ella y ese recuerdo la colma de contento. Pronto estaré con usted, madre. En unos días iremos juntas a cantarle salves a la Morenita; se lo prometo. Y ya nunca me apartaré de su lado. Va a ver usted qué bien vamos a estar las dos juntitas, madre.

Esa es la última imagen que engendra su cerebro antes de precipitarse en un profundo y sosegado sueño. En la placidez de su rostro se refleja la feliz quimera concebida en su imaginación. Instantes después, la muchacha se desploma sobre la mesa, golpeándose en la frente. No está muerta. Solo drogada. Pero los grandes ojos negros de Lorenza no volverán a contemplar la carita de ángel travieso de su medio hermano Pedro. Antes de que el narcótico que ha ingerido detenga su respiración, una mano recia, de dedos mercenarios, tirará de su cabello hacia atrás y el acero de una navaja recién afilada surcará el cuello de la joven criada de los Ribalter, anegando en charcos de sangre su secreto.»

A todos nuestros lectores de novela negra… ¿os animáis a hacer un viaje en el tiempo?

La cajita de rapé. Ya en librerías.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>