Hoy presentamos… La mujer que susurraba al cáncer

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¡Hola lectores! Después de estos días tan intensos que hemos vivido con las visitas de Camilla Läckberg y Viveca Sten, rodeados de novela negra, tomamos aire y nos adentramos en nuestra colección MAEVAinspira para presentaros a su nuevo integrante, un libro autopublicado que se ha convertido en un best seller, con más de 150.000 ejemplares vendidos: La mujer que susurraba al cáncer, un testimonio rompedor que cuestiona la actitud que se ha tenido hasta ahora hacia el cáncer

La mujer que susurraba al cáncer

Tengo cáncer. Él no me tiene a mí.
Sophie Sabbage

portada LA MUJER QUE SUSURRABA AL CANCER

Sophie Sabbage nos enseña a canalizar el miedo, la ira y el dolor en un libro que no ofrece una cura para el cáncer. Lo que hay en él es una cura para el miedo al cáncer.
A Sophie Sabbage le diagnosticaron un cáncer de pulmón en el último estadio en octubre de 2014. Tenía entonces 48 años, estaba felizmente casada y tenía una hija de 4 años. Desde ese día, se ha embarcado en un extraordinario viaje de curación y de transformación que ha reorientado su vocación y cambiado su vida radicalmente. A partir de su propia experiencia, cuenta la extraordinaria relación que ha desarrollado con su cáncer y los métodos que ha utilizado para manejar la avalancha de emociones que trajo consigo el diagnóstico: miedo, ira, negación y dolor. En vez de declararle la guerra, Sophie ha elegido escucharlo y aprender de él para poder escoger una respuesta propia ante la amenaza que supone.
La autora propone una forma radicalmente diferente de relacionarnos con esta enfermedad, a un nivel tanto psicológico como práctico, y comparte en este libro las investigaciones que ha hecho, los tratamientos que ha elegido, la dieta que sigue y los recursos que han sido fundamentales para ella, con la esperanza de que ayuden a otros a discriminar entre la gran masa de información que existe sobre esta enfermedad.

La autora, Sophie Sabbage

sophieaboutphotoSophie Sabbage ha trabajado en grandes empresas para ayudar a mejorar su rendimiento mediante la transformación de la mente y la mejora de las relaciones personales entre los trabajadores. Fundó Interaction UK junto a K. Bradford Brown, psicólogo y teólogo, su mentor y compañero de negocios. Interaction UK ha ayudado a los directivos de diversas empresas (desde British Airways hasta The Mandela Rhodes Fundation) a mejorar el rendimiento y los resultados de sus compañías mediante el cambio de actitudes y comportamientos. Su acercamiento al cáncer es un testamento vivo, que es el epicentro de todo lo que ella está creando gracias a Sophie Sabbage Ltd., una compañía dedicada a permitir que los desafíos de la vida despierten nuestras mentes.

En palabras de la autora:
«Este libro es para el paciente de cáncer que quiere seguir siendo un ser humano digno y mantener el control de su vida cuando lo que dicen los médicos y el diagnóstico le producen terror. También es para el paciente de cáncer que tiene la sensación de que hay algo más que aprender o que ganar, algo que puede transformarle si encuentra la manera de relacionarse con la enfermedad de forma diferente a la que tiene la mayoría de la sociedad. Es para el paciente de cáncer, o más bien para el paciente de cualquier enfermedad, que busca otra forma de hacer las cosas».

— Sophie Sabbage

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“Dolor” es otra palabra para “amor”

Cómo un diagnóstico terminal me enseñó el verdadero objetivo del dolor

Artículo escrito por Sophie Sabbage para Psycohology Today

Antes de ser diagnosticada con un cáncer terminal a la edad de 48 años, había contemplado el dolor como a un extraño en la calle. Lo había reservado para la muerte y el corazón roto, las pérdidas devastadoras que te parten en dos. Pero no para los arrepentimientos, decepciones y fracasos que también nos piden que nos lamentemos. Pensaba que el dolor era el cierre de estos capítulos, pero ahora sé que el dolor es un origen, no un final. Da vida.

La noticia de mi condición se desarrolló durante un periodo de seis semanas, con un tumor nuevo cada vez. Mis opciones parecían muy limitadas, pero pronto oí hablar de un oncólogo en México que revertía el cáncer en los últimos estadios y no rechazaba a los pacientes. La llamada tardó dos semanas en llegar. La recibió mi marido, John, mientras yo acostaba a nuestra hija de cuatro años, Gabriella. El oncólogo que no rechazaba a sus pacientes me había desahuciado; así de avanzado era mi estado.

El dolor no se desbordó cuando me lo dijo. No hubo llantos ni gemidos. En vez de eso, el dolor nos visitó arropando a toda mi familia bajo su manto como un invitado, una compañía casi constante. Estaba dejando ir todo lo que había conseguido en mi vida (como concebir a Gabriella después de que me hubieran dicho que no podía tener hijos) mientras lamentaba lo que no había conseguido y ya no podría. Cada día traía otro “déjalo ir”. Con cada pérdida me acercaba más al dolor en vez de alejarme de él, y comenzaba a descubrir su verdadera naturaleza.

Estaba convencida de que el cáncer es una enfermedad emocional y psicológica tanto como física, así que esta cuestión parecía tan esencial para mi curación como los tratamientos médicos que lentamente empezaban a hacer efecto. Mi cáncer necesitaba que me enfrentara al dolor y yo necesitaba al cáncer para descubrirlo. Lejos de abatirme, el dolor me mantuvo en pie. Mi cuerpo continuó empeorando, pero el dolor encerrado en mi corazón comenzó a sanar. Fui capaz de perdonar a aquellos a los que no había perdonado, y también a mí misma —sabía el papel que había jugado en mi enfermedad, por la forma en que había maltratado mi cuerpo cuando era más joven.

A veces hay que hacer una pausa en el camino antes de seguir adelante.

Durante tres meses de tratamientos médicos y sanación emocional, recuperé mi fuerza vital. Aún vivo con la sentencia de muerte que me dieron hace dos años, pero eso mantiene los canales del dolor abiertos, que suben y bajan como la marea, pero siempre me devuelven junto a lo que más quiero. Mi mayor deseo es que el cáncer me abandone para que pueda criar a mi hija, pero espero que el dolor siga aquí. No amo igual sin él.

El dolor es el regalo más inesperado que el cáncer me ha dado. El dolor ha liberado mi espíritu antes de abandonar mi cuerpo y, casi literalmente, me ha resucitado de entre los muertos.

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Por último, os recordamos que ya quedan muy poquitos días para disfrutar de la Feria del Libro de Madrid. Podéis seguir visitándonos en la caseta MAEVA, caseta 366, hasta el 11 de junio. ¡Os esperamos!

¡Feliz semana!

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