Charlando con Marta Gracia

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¡Hola lectores! Sabemos que para muchos de vosotros es muy gratificante saber algo más sobre el libro antes o después de leerlo: ¿Cómo surgió la idea? ¿Por qué este tema interesó al autor? ¿En quién se basan los personajes? Ya os hemos hablado de una gran novela que os proponemos como lectura para este verano: Agujas de papel, de Marta Gracia. Para que sepáis un poco más sobre el contexto de la novela, aquí os dejamos una entrevista con la autora.


“Eran pocas, pero únicas”

¿Cómo ha sido este camino desde el principio? ¿Cómo conseguiste encontrar una agencia literaria?
IMG-20170628-WA0012Después de acabar la novela, me informé bien del mundo editorial y cuáles eran los pasos para conseguir publicarla. Leí foros y entradas de blogs en los que hacían hincapié en la importancia de obtener una agencia literaria antes de optar a una editorial. Todos ellos, claro, reiteraban la dificultad del proceso, en la cantidad de escritores que enviaban sus propuestas a las agencias y no obtenían respuesta. Era bastante decepcionante, pues es imposible dar cabida a todos: hay mucha gente que escribe grandes historias que desconocemos. Sin embargo, jamás tiré la toalla y empecé a enviar propuestas hasta que la agencia literaria International Editors mostró interés por mí. Les envié los tres primeros capítulos y les gustó. Después llegó Maeva.

Ahora sobre tu novela, ¿qué es lo que te inspiró para escribir Agujas de papel?
Quería que mi protagonista fuera una mujer. Eso lo tenía claro. Y, además, que fuera fuerte, inteligente y poderosa, que rompiera con el estereotipo de mujer sumisa de la época. ¿El porqué de la moda? Siempre me ha interesado la forma de vestir del siglo XIX: era un modo de distinción social para la burguesía y un modelo de vida, de comportamiento. Sin embargo, no se ha hablado mucho de las primeras figurines que empezaron a surgir entonces, que distan mucho de las modelos que conocemos hoy en día y que ganan millones. Me parecía interesante.
También tenía claro que quería contextualizarla en Barcelona, por proximidad y porque la considero una de las ciudades con más dinamismo y transformación del siglo XIX: la construcción del Eixample, la Exposición Universal de 1888, el movimiento modernista… Hizo que la ciudad diera un enorme salto hacia la modernización y el desarrollo. París también es una ciudad fascinante, sobre todo en relación con lo artístico. Y Tampa es una ciudad exótica, en gran medida desconocida, pero que a finales del siglo XIX tuvo gran relevancia económica, con la exportación de tabaco, y política, por la revolución cubana. Quería tocar otras culturas, otras formas de vida.

Quería que mi protagonista fuera una mujer. Eso lo tenía claro. Y, además, que fuera fuerte, inteligente y poderosa, que rompiera con el estereotipo de mujer sumisa de la época.

¿Por qué te interesa la época, la última década del siglo XIX?
Es un periodo de profundos cambios en todos los aspectos. En lo económico hay un fuerte desarrollo industrial, sobre todo en Cataluña a través de la industria textil, que conlleva el florecimiento de la burguesía y el sometimiento de una clase obrera que lucha por mejorar sus condiciones. Así pues, en el marco social de esta época, la lucha de clases se hace cada vez más insostenible: el movimiento anarquista, de fuerte arraigo en Barcelona, ejerce cada vez más presión contra los poderosos haciendo uso de la violencia y los atentados, como el del Liceo. También a nivel político, pues España sufre la rebelión de una de las colonias que más beneficios económicos le reportaba hasta entonces gracias a su relación comercial: Cuba. El movimiento independentista cubano empezará una guerra que conllevará la pérdida definitiva del Imperio Español. Y, por último, se experimentó una nueva era en el mundo artístico: el origen del urbanismo moderno, el gusto por lo exótico, el sello personal del modernismo, la pintura puramente sensitiva del impresionismo…

¿Cuánto hay de ficción en tu novela?
Todos los sucesos históricos que ocurren en la novela, evidentemente, son reales; incluso, muchos de los personajes que aparecen como secundarios lo son: el fotógrafo Antoni Esplugas, por ejemplo, fue uno de los fotógrafos más populares de aquella época en Barcelona y se atrevió con la fotografía erótica; Paulino Pallás y Santiago Salvador, los terroristas anarquistas; Las hermanas Montagne, las modistas más famosas de la ciudad; la tabacalera más importante de Tampa, la Príncipe de Gales, y quienes trabajan para ella también existieron, etc. Los protagonistas de la novela, sin embargo, aunque ficticios, también tienen algo de real. Estoy segura que existiría alguna Amelia en la Barcelona de finales del siglo XIX: una mujer transgresora, moderna y dispuesta a cumplir sus sueños; también un Héctor: un joven anarquista que es capaz de todo por el colectivo obrero; y una Elvira Rovira, la tía de Amelia, tradicional y conservadora, intransigente y que le gusta aparentar. Habría decenas de ellos, aunque con destinos distintos.

Cuéntanos algunos de los episodios reales que te habían llamado la atención para usar en tu novela. ¿Cómo te documentaste sobre ellos?
El atentado en el Liceo, por ejemplo. Hoy en día, los periódicos más importantes del país, como La Vanguardia, tienen una hemeroteca digitalizada en la que se pueden leer noticias pasadas, incluso la de este hecho de tanta relevancia para Barcelona del día 7 de noviembre de 1893: allí se recoge todo el suceso y los detalles del mismo. Otros episodios reales son los del líder revolucionario cubano, José Martí: a través de la publicación de su diario personal, se puede hacer el seguimiento de su recorrido y vivencias durante la revolución.

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¿Cuánto hay de Marta Gracia o alguna mujer de su entorno en Amelia Rovira?
Aunque la intención del escritor no sea verse reflejado en uno de sus personajes, instintivamente, sin querer, lo hace. No en todo, pero sí en algunos rasgos. Creo que Amelia y yo tenemos varios puntos en común: su pasión por la moda, yo por la historia, su lucha por convertirse en figurín, yo por convertirme en escritora… Las dos hemos trabajado por nuestros sueños. También nos parecemos en la empatía que sentimos hacia los demás: ponerse en el lugar de la persona antes de juzgarla y entender los motivos por los que actúa es importante. Eso sí, ella es mucho más valiente que yo.

¿Y las otras mujeres? ¿Cuál de ellas te cae especialmente bien o crees que es tu protagonista más lograda?
Eulalia, la madre de Amelia, y creo que el personaje más realista de todos. Una mujer sometida a su esposo. No puede tomar decisiones, ni expresar sus propios sentimientos. La función primordial de una mujer de aquella época era la de ser esposa sumisa y madre perfecta, que se dedicara exclusivamente al ámbito doméstico. Eulalia ni siquiera tiene eso, pues tía Elvira ejerce esa función por ella y la relega a un segundo plano en su propio hogar. Es una mujer depresiva, sin ganas de vivir, que se mantiene callada y obediente tan solo por apariencia, por mantener el buen apellido de la familia. ¿Cuántas mujeres se encontrarían en la misma situación?

¿Y los hombres? Tenemos a un padre burgués, excesivamente estricto, a varios jóvenes muy idealistas… ¿están inspirados en personas de tu alrededor o cómo los has ido concibiendo?
En las familias decimonónicas persistían los valores patriarcales. El padre era el único administrador de los bienes familiares y quien tomaba las decisiones. Su obligación era perpetuar la tradición y mantener o incrementar el patrimonio de la familia. Así pues, el padre de Amelia tiene que transmitir todos estos valores a sus herederos para que continúen con el “buen nombre” y la posición social. La distinción y el prestigio de la familia dependían también de los hijos y la educación, para ellos, debía ser estricta. En cuanto a los jóvenes idealistas, Héctor es uno de ellos. La historia está llena de jóvenes como él, que han sacrificado su individualidad por el bien colectivo, por mejorar las condiciones y los derechos de los más desfavorecidos. Un joven capaz de vivir y comportarse como un auténtico hombre libre.

La moda y el sueño de la protagonista de convertirse en maniquí es uno de los hilos conductores de la novela. ¿Era realista este sueño en una joven burguesa en la Barcelona de la época?
c)La moda es una manifestación de la sociedad de cada época y reflejan sus necesidades culturales. La mujer burguesa, relegada a la esfera doméstica, encontraba en la moda una manera de demostrar la capacidad adquisitiva de la familia y seguir unas normas de protocolo que la definían como parte de ese grupo social. Las revistas de moda se hacían eco de ellas: llevaban ilustraciones de vestidos e invitaban a las lectoras a reproducirlos. Pero no solo eso, sino que también reflejaban un estilo de vida abierto, tolerante y divertido: el de la Belle Époque de París, la ciudad de la civilización y el progreso. Amelia, como tantas otras jóvenes, encuentra en la moda un pasatiempo, pero también un modo de vida independiente y libre como figurín. ¿Si era realista? No. Tampoco lo era que una física como Marie Curie quisiera optar al Premio Nobel de Química, o que Clara Campoamor consiguiera el derecho al voto femenino. Eran pocas, pero únicas.

Amelia, como tantas otras jóvenes, encuentra en la moda un pasatiempo, pero también un modo de vida independiente y libre como figurín. ¿Si era realista? No. Tampoco lo era que una física como Marie Curie quisiera optar al Premio Nobel de Química, o que Clara Campoamor consiguiera el derecho al voto femenino. Eran pocas, pero únicas.

De entre los otros temas, ¿cuál te ha interesado más como autora, la lucha de clases y los ideales políticos o los viajes y los privilegios de una clase bien estante?
Como autora, el de la burguesía. Jaume Vicens Vives, historiador y analista político del siglo XX, fue uno de los primeros en estudiar con profundidad la burguesía catalana del siglo XIX, que la consideraba como agente de cambio en España, pues logró un desarrollo económico importante y lideró un movimiento político catalanista y regenerador. Pero a mí me interesa más la parte social, de mentalidad y pensamiento. La ciudad de Barcelona, a raíz de la construcción del Eixample, se erigió como el espacio concreto para la ostentación burguesa: barrios residenciales, avenidas y paseos, refinamiento y comodidad que contrastaba con la periferia, donde vivían los obreros en absoluta miseria. El lujo llevó también a un consumismo ilimitado, que era considerado sinónimo de bienestar y progreso: tiendas, publicidad… Y la propiedad privada. En esta clase social predominaba el individualismo y el hogar burgués se convirtió en el símbolo del orden social: la mujer y el hombre tenían espacios diferenciados; los niños también. Creo que es una sociedad fascinante y llena de sorpresas.

El amor es muy relevante en tu novela. A parte de ser una novela histórica ¿se puede decir que es también romántica?
Sí. La historia también está marcada por el amor, capaz de desestabilizar grandes Imperios, como fue el caso de Cleopatra y Marco Antonio. En el caso de Amelia, el amor la empuja a conseguir lo que desea, a rebasar sus propios límites, a expresar sus emociones y ganar confianza. Sin embargo, no siempre tiene efectos positivos: el miedo, la culpa y el sacrificio también la acompañarán a lo largo de su camino. He querido expresar un amor imperfecto, real y lleno de matices, no idílico.


portada AGUJAS DE PAPELAgujas de papel

Barcelona, finales del siglo XIX. Amelia Rovira, hija de una de las familias más prósperas de la burguesía catalana tradicional, quiere cumplir uno de sus sueños: convertirse en modelo de alta costura y trabajar para los modistos parisinos más en boga del momento, que por aquel entonces comenzaban a hacer uso de las pasarelas. En su lucha por conseguir lo que desea, Amelia deberá enfrentarse a la oposición de su familia y empezar una nueva vida. En una época de grandes transformaciones sociales, su lucha por convertirse en una mujer independiente y dueña de sí misma pondrá en evidencia la existencia de dos mundos antagónicos y enfrentados: los prejuicios y etiquetas de la sociedad más conservadora y el deseo de libertad para elegir su propio destino.

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