El escenario perfecto para un asesinato

tren nocturno

¡Hola lectores! Tenemos por delante un fin de semana frío, de los de cine si nos apetece salir un poco de casa, o de los de sofá, manta y libro si preferimos quedarnos. Echando un vistazo a la cartelera, la nueva adaptación de Asesinato en el Orient Express nos recuerda a un libro en concreto. Y no, no es el libro homónimo de Agatha Christie en el que se basa la película. En la literatura parece que un tren es el escenario perfecto para un crimen: tenemos este ejemplo, el Extraños en un tren de Patricia Highsmith que adaptó de forma excelente a la gran pantalla Alfred Hitchcock… y nosotros, en casa, contamos con Extraños en el tren nocturno, de Emily Barr. ¿Lo recordamos juntos en este finde de frío, asesinatos y trenes?

¿Asesinato en el Orient Express?
No, asesinato en el tren nocturno de Cornualles.

Cuando Emily Barr descubrió el encanto del tren nocturno que va de Penzance hasta London Paddington, no pudo resistir la tentación de ambientar en él su nueva novela. Y con la combinación de una aventura amorosa, un asesinato y una desaparición, este thriller resulta mucho más emocionante que cualquier viaje en tren.  No es de extrañar que la compañía ferroviaria First Great Western afirme tener ejemplares de Extraños en el tren nocturno en el bar de su tren nocturno, escenario de los encuentros entre la mujer fatal Lara Finch y su amante, Guy Thomas. De bien seguro que hará aumentar las ventas de bebidas, como el gin tonic. Hay, en realidad, dos trenes nocturnos: uno que va de Paddington a Penzance durante la noche, y otro que hace el recorrido a la inversa, atravesando la oscura campiña para llegar a Paddington cuando los londinenses se levantan para ir a trabajar.

Emily Barr es una de las admiradoras del servicio ferroviario, que permite a aquellos que trabajan en Londres mantener su empleo (a menudo mejor pagado) en la capital, mientras que sus familias pueden seguir viviendo en el campo. «Viví aquí mucho tiempo sin ser consciente de que existía el tren nocturno», dice la autora, que vive en Falmouth con su marido y sus tres hijos. «Siempre andaba con prisas para llevar a mis hijos a la escuela y correr a por el tren para llegar a comer con mi editor en Londres. Hasta que, de repente, me di cuenta de que podía hacer el recorrido de noche, llegar a Paddington a primera hora y organizarme mejor el día.»

Y así, charlando con el personal del tren durante sus viajes, descubrió algunas de las anécdotas que suceden a bordo, como las aventuras amorosas a pesar de la estrechez de las camas de los compartimentos. «Me contaron un montón de historias, como la de una mujer que tenía una aventura y todo el tren estaba al corriente. Y pensé que ahí había material para una novela», ríe.

Extraños en el tren nocturno es un cambio de registro para Emily Barr, pues se trata de su primer thriller policíaco, aunque está escrita con el brío y la trama bien urdida que la caracterizan. Y para ello tuvo que llevar a cabo una profunda investigación, con ayuda de un amigable policía, marido de una amiga suya de Falmouth. «Fue estupendo contar con él», dice la autora. «Fue muy paciente respondiendo a todas las situaciones descabelladas que le planteaba, intentando encontrar la forma de que fueran posibles. Pero no he podido poner su nombre en los créditos, porque desempeña mucho trabajo de incógnito.» El policía la ayudó a conseguir la pátina de verosimilitud en un caso en que la policía de Devon y Cornualles debe investigar el hallazgo del cadáver de un hombre en el tren nocturno cuando llega a Penzance un sábado por la mañana. El mismo tren del que Lara, agente inmobiliaria, ha desaparecido por completo después de pasar una semana trabajando en la ciudad. El hombre al que hallan muerto a puñaladas en el tren resulta ser el amante de Lara, Guy Thomas, y, al principio, todas las sospechas recaen sobre la desaparecida. Pero hay alguien que no lo cree: Iris, la amiga de Lara, se dispone a descubrir lo que realmente sucedió a bordo del tren.

La primera parte de la novela está narrada por Lara, y el lector descubre su hastío con su enamorado pero aburrido marido Sam en Falmouth, la verdadera motivación tras su aceptación de un trabajo estimulante en Londres, su alegría ante la libertad de montar en el tren nocturno todos los domingos por la noche con el resto de pasajeros habituales, y el comienzo de su aventura, tras dosis generosas de gin tonics durante semanas, con Guy, un hombre casado. Una vez Lara desaparece, Iris retoma la historia, después de decidir un sábado por la mañana interrumpir su existencia reclusa para llamar a Lara, con quien ha entablado una tentativa amistad. Pero le coge el teléfono el agitado marido de Lara, que está fuera de sí porque su mujer no se ha apeado del tren nocturno para pasar el fin de semana con él como planearon.

El tener dos protagonistas femeninas, explica la autora, es un recurso para tranquilizar a sus editores respecto a la desaparición de Lara a la mitad del libro. «Quería que Lara desapareciera del tren y dejara al lector preguntándose lo que le habría pasado», explica. «Tuve que pelear mucho con mis editores para poder hacerlo, porque a los editores no suele hacerles mucha gracia que los protagonistas desaparezcan a medio libro.» La determinación de Iris por investigar la desaparición de Lara la lleva a abandonar su vida de ermitaña en una casita en los páramos de Cornualles y dirigirse a Londres, donde se enfrenta a una tragedia de su propio pasado. Con ayuda del detective Alex Zielowski, un policía de Falmouth con quien tiene mucha química, viajará hasta Tailandia siguiendo sus descubrimientos sobre el oscuro pasado como traficante de droga de su amiga aparentemente perfecta. «La parte del tráfico de drogas está inspirada en mis viajes por Tailandia, ¡aunque yo nunca trafiqué con nada!», asegura Emily Barr. «Pero hace tiempo, escribí un artículo sobre gente encarcelada en Bangkok, así que fue fácil retomar el hilo.»

Emily Barr, que antes escribía para el periódico The Guardian, empezó su carrera como novelista después de dar la vuelta al mundo con su mochila a la espalda a mediados de los noventa, experiencia que inspiró su primera novela, Backpack. Desde entonces, no puede resistir la tentación de incorporar ambientaciones exóticas en sus novelas. Sin embargo, al escribir Extraños en el tren nocturno, la mayor parte de su investigación ha sido mucho más cercana. Incluso aparece un periodista de la prensa local como parte de la jauría que acecha a Iris cuando va a hablar con la viuda de Guy Thomas en su casa cerca de Land’s End. Emily se aprovechó de la experiencia de una amiga que solía trabajar en el sector inmobiliario londinense para dar autenticidad al trabajo de Lara. Dice que escribir la novela ha sido «muy divertido. Es mi primera novela de misterio, así que he disfrutado mucho colocando las pistas…» Sin embargo, la mayor parte de su investigación para Extraños en el tren nocturno la ha realizado cerca de casa.

Si aún no habéis leído Extraños en el tren nocturno, este fin de semana es la ocasión perfecta para sumergiros en esta historia de intriga y suspense.

Feliz lectura

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